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FLUJO VAGINAL

Ser diagnosticada con Enfermedad Inflamatoria Pélvica

Recibir el diagnóstico de enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) puede resultar un poco confuso y frustrante. En este artículo vamos a resumir todo lo que necesitas saber sobre dicha condición, sus causas, posibles complicaciones y tratamientos.

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En pocas palabras, la enfermedad inflamatoria pélvica es una infección que se ha extendido al útero y / o las trompas de Falopio y los ovarios. Típicamente la infección se desarrolla en la vagina o en el cuello uterino, pero la falta de tratamiento o el tratamiento inadecuado hacen que la infección tome fuerza y se propague hacia la parte superior del aparato reproductivo. Dos condiciones que suelen causar la EIP cuando no reciben el tratamiento oportuno son la clamidia y la gonorrea; ambas son enfermedades de transmisión sexual que pueden desarrollarse sin presentar síntomas por un tiempo. Esto dificulta aún más la erradicación de la bacteria en cuestión, así como la prevención de una posible EIP. No es raro que una mujer desarrolle la condición varios meses después de haber tenido contacto sexual con la pareja infectada. Vale aclarar que existen algunos casos en los que la enfermedad inflamatoria no se produce por el ascenso de bacterias sexualmente transmitidas, sino que se deben a otras bacterias que casi siempre viven de forma inofensiva en la vagina.

¿Qué síntomas puedes presentar al ser diagnosticada con enfermedad inflamatoria pélvica?

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Los síntomas más comunes son el dolor agudo y punzante en la parte baja del abdomen (pelvis), inflamación, manchado vaginal anormal, sangrado durante las relaciones sexuales, flujo vaginal anormal, malestar lumbar, fiebre, dolor durante un examen ginecológico. Los síntomas pueden desarrollarse poco a poco, o de forma abrupta.

Puedes tener mayor riesgo de desarrollar la EIP si tienes parejas sexuales diferentes con mucha frecuencia, si has tenido un historial de enfermedades de transmisión sexual o de aborto, o si has sido sometida a algún procedimiento quirúrgico que involucra al útero.

Existe una mayor probabilidad de recurrencia en mujeres que no siguen el tratamiento correctamente, o que cuya pareja sexual no fue tratada.

¿Qué pruebas se necesitan para ser diagnosticada con la enfermedad inflamatoria pélvica?

Las pruebas de diagnóstico más utilizadas en este caso son el examen pélvico, el análisis de muestras cervicales para detectar gérmenes y bacterias, análisis de sangre y orina, así como la ecografía para detectar inflamación en los órganos reproductivos. Durante el examen pélvico, es común que la mujer sienta dolor fuerte cuando el médico toca el cuello uterino con los dedos o hace presión sobre el bajo vientre. Cuando se sospecha de EIP, algunos médicos se aseguran de realizar una prueba de embarazo, ya que el embarazo ectópico puede provocar síntomas muy similares. Además, se sabe que el embarazo ectópico suele ser una complicación de la enfermedad inflamatoria pélvica; es muy importante descartar la presencia de tal condición. (Ver: El embarazo ectópico o tubárico)

Ya que hemos tocado el tema de las posibles complicaciones, debo aclarar que si la EIP se diagnostica y se trata a tiempo, el riesgo de complicaciones es muy bajo. Pero en caso contrario la mujer tiene mayor riesgo de padecer dolor/inflamación crónica, infección en las trompas de Falopio, dificultad para quedar embarazada, infertilidad y el ya mencionado embarazo ectópico. Mientras más recurrencias de EIP tenga la mujer, mayor es su riesgo de desarrollar alguna de estas complicaciones.

¿Qué tratamiento necesito si soy diagnosticada con la enfermedad inflamatoria pélvica?

Como regla general, el tratamiento que se indica es a base de antibióticos (amoxicilina, doxiciclina, metronidazol, clindamicina, ciprofloxacina, ampicilina). Es posible que el médico indique un tratamiento combinado con dos medicamentos para actuar sobre un espectro más amplio de bacterias. En algunos casos raros puede ser necesario realizar un procedimiento para drenar algún absceso que se haya desarrollado por la infección.

Es fundamental comenzar a usar la medicación tan pronto como sea posible. El tratamiento debe seguirse de forma estricta, tomando cada dosis hasta el final; no importa si ya has visto una mejoría de los síntomas. Se deben evitar las relaciones sexuales y la(s) pareja(s) sexual(es) de los últimos meses también deben ser evaluadas y tratadas.

¿Cómo se puede prevenir la enfermedad inflamatoria pélvica?

La manera más sencilla y eficaz de evitar esta condición es el uso del preservativo. Como ya hemos visto, la principal causa de EIP son las enfermedades de transmisión sexual. También debemos tener en cuenta que el riesgo de infección aumenta a medida que aumenta el número de parejas sexuales. Otra medida de prevención es acudir de forma regular al ginecólogo; si eres sexualmente activa debes solicitar la prueba de Papanicolau cada año, o al menos cada dos años. Dicho examen es la base de la prevención en cuanto a complicaciones ginecológicas se refiere. (Ver: “Tengo miedo, no quiero ir al ginecólogo”)

Como ves, ser diagnosticada con la enfermedad inflamatoria pélvica no tiene que ser el fin del mundo para ti, pero sí debes tomarlo muy en serio. Busca atención médica especializada, asegúrate de recibir un buen tratamiento y sigue al pie de la letra todas las indicaciones de tu médico.

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